Horda de oportunistas medra con su memoria.

¡Se repartieron también el “Cerverismo sin Cervera”..!

                                                       José Luis Sierra V. (11 agosto 2008)



A punto de cumplirse un aniversario más de la muerte de Víctor Cervera Pacheco, sus parientes y seguidores hicieron suyos nombre, imagen y memoria. Los herederos biológicos, políticos y de ocasión se repartieron la causa y el espacio que ocupara el legendario líder, impidiendo se configure siquiera el “Cerverismo sin Cervera”.

Los que hoy se reclaman “cerveristas” reencarnan, sí, todos los vicios, todas las cargas y limitaciones que pudieran atribuírse a esa corriente política en sus mejores años: autoritarismo; sectarismo; “culto” y sumisión al líder; proclividad a la corrupción y al tráfico de influencias; compadrazgos; abuso del clientelismo político; etc. Pero, a diferencia del “cerverismo” original, los cachorrines de hoy no honran ni practican las virtudes que le permitieron a esa corriente política permear en la sociedad yucateca y permanecer vigente durante tantos años. Hablamos del tributo al esfuerzo, al trabajo disciplinado; hablamos del origen popular y del reconocimiento a las estructuras populares; hablamos de dominar el “oficio político”; de evitar la verborrea; de ver a los “medios de comunicación” como MEDIOS y no como FINES.
 
El “cerverismo” de ayer contaba con proyecto social, tenía VISIÓN de ESTADO, mientras que los cachorrines de hoy practican un populismo ramplón. Para colmo, quien encabeza a esa banda, Ivonne Ortega, no resiste un soplo de aire fresco. Si ha llegado hasta donde llegó ha sido como “ficha política” de los poderes fácticos: Cervera y Elba Esther, primero, Manlio y Salinas de Gortari, ahora.

No alcanzo a dilucidar si es por falta de chamba e ingresos, si es el sectarismo de los “viejos” reforzado ahora en los jóvenes, si es por ceguera política y por falta de talento personal, tal vez sea la misma obsesión de no dejar espacios “a los otros”, no alcanzo a atribuir si es cualquiera de estas causas o todas ellas juntas, lo cierto es que el “Cerverismo sin Cervera” no tuvo tiempo ni espacios para nacer como una corriente política, con sello propio.

Los hijos, la sobrina, los deudos y allegados, los que fueron cerveristas “de la primera hora” y los del “cuarto pa’las doce”, los jovencitos que mamaron a dos carrillos y que ahora se declaran “damnificados” del Jurásico, todos, todos se han lanzado a la cargada, a ocupar puestos disponibles y, cuando éstos se gastaron, a inventar cargos y comisiones para ocuparlas en nombre y en espíritu del Patriarca de Dzemul, en su versión reloaded, la Seño del Justám (el Gobierno de la Nueva Mayoría).

No soy el indicado para hablar por el Cerverismo ni, mucho menos, para defender la trayectoria del líder agrarista, pero ante el oportunismo de los suyos, ante la falta de miras y las incongruencias de quienes se declaran sus herederos, tiene que ser un lego, un “cerverista light” el que salga a recordar el talento y la congruencia de quien navegó tantos años en la política yucateca y en la mexicana, por derecho propio.

Cervera era un populista a rajatabla, si por tal se entiende al que reparte cosas a diestra y siniestra ejerciendo una política clientelar, ni más ni menos, lo que hace Ivonne Ortega. Sí, Cervera era populista pero, a diferencia del populista vil, Cervera tenía una rara capacidad para responder a lo inmediato sin desatender lo trascendente y duradero. Iba a los pueblos, tres o cuatro veces por semana, pero tenía reuniones, a su regreso, todos los días, con inversionistas, con los responsables de las obras, con funcionarios federales de todos los niveles, con políticos de Quintana Roo o de Baja California, con allegados al Negro Sansores y, también, con sus contrarios campechanos.

Cervera, como Ivonne Ortega, no acostumbraba realizar reuniones de trabajo con su gabinete en pleno. Tampoco gustaba de las formalidades de reuniones como las de COPLADE. Pero Cervera, a diferencia de la sobrina, traía el Gobierno en la cabeza y al Gabinete al alcance del celular y del directorio de Jorge Flores (su único e inseparable compañero, ahora convertido en “activo fijo” en Palacio). Cervera no concurría, por costumbre, a eventos sociales, rechazaba por fórmula los cortes de listón y las “primeras piedras” (“invítenme a poner la última piedra” les decía a sus posibles anfitriones). Prohibía a sus funcionarios de mayor nivel concurrir a restaurantes y sitios públicos (desde luego, él ponía el ejemplo) y los conminaba a no “tomar los tragos” fuera de casa o hacerlo en casa de amigos y parientes. (¿Qué contraste, verdad?).

Cervera no gustaba de los “desayunos de trabajo”, ni de las comidas o cenas “oficiales”: “son para cebarte, como a los cochis…”; “vas a ganar peso y a perder la elección –les decía a los candidatos que hacían campaña gastronómica-“. La Seño de los Cochis, en contraste, conforma su agenda con eventos culinarios: se aventó la puntada de conocer a todos los empleados estatales, a todos …¡¡ en desayunos que le organizaron “espontáneamente” en los patios de Palacio!! Las organizaciones de empresarios ya dejaron de invitarla a sus “comidas de trabajo”, porque “La Catrina” llegaba, comía y se iba …¡¡sin dirigirles siquiera unas palabritas, ya no digamos plantear alguna propuesta de su interés!!

Cervera, el viejo, era ejemplo de austeridad más no de honradez. Pero sabía y tenía muy presente que la corrupción lastraba a los políticos hasta perderlos; era un convencido de que la corrupción le hacía perder su sentido social a la política. Víctor Cervera, el original, era enemigo acérrimo del nepotismo, no aceptaba a los “recomendados” pero, en cambio, se preocupaba por la formación política de jóvenes, como parte de ese sentido social y trascendente de la política. Ni sus hijos ni los hijos de sus colaboradores y amigos tuvieron nunca “pase automático” a puestos o prebendas en los equipos de trabajo o al Gobierno de Víctor Cervera (¡¡qué diferencia!!, ¿no?). Por el contrario, era descarnado y radical en las opiniones que emitía en torno a los hijos de sus más cercanos colaboradores (y a los propios). Eso, tal vez, fue un padecimiento para sus allegados; padecimiento del que se vieron libres con la muerte del Patriarca, a juzgar por su actual comportamiento público …

Cervera conocía al detalle a sus contrarios (en el PRI y fuera del PRI) y así como los conocía los respetaba. “Para ser político se necesita estómago y memoria: un estómago que todo digiera y una memoria que nada olvide”. Tenía una increíble capacidad para “evaluar” a las personas: “este chamaquito es puro blof“; “…éste tiene madera de traidor, hay que cuidarse de él”. Al paso de los años tuve que reconocer que juicios que Víctor Cervera emitió en mi presencia (o contra mi opinión) y que en su momento me parecieron erróneos, resultaron ciertos. Por ejemplo, sucedió en 1994, cuando trabajaba al lado de Carlos Sobrino en busca de la candidatura al Gobierno del Estado: Víctor permanecía aparentemente “al margen”, en realidad, esperando que las sandías se acomodaran en el camino. Un día me invitó a tomar café y, en la terraza de su casa, me dijo: yo respeto mucho tu trabajo y el sentido que tienes de la amistad, por lo mismo te digo que a Sobrinín le gusta el dinero …no te vayas a decepcionar. Y, efectivamente, al paso de unas semanas, Carlos Sobrino “declinó” en aras de la unidad del PRI. Después pude enterarme que esa declinación había costado un terreno en el periférico y los “contratos de publicidad” de la campaña de Cervera. De Nerito, me lo adelantó, cuando le reclamaba sus bloqueos al dirigente universitario: “…no sucede igual entre las personas que en la ganadería, la cruza de dos animales de alto registro no siempre es buen novillón …”. Y de su ahijado, Rolando Zapata: “…el Naxoncito tiene corazón de condominio …”.

Todo lo anterior, aunque importante en un político, resulta accesorio cuando se tiene claridad en lo que se quiere, en lo que se persigue, y persistencia, voluntad de hierro y talento para “acomodar las piezas”, no importa cuáles sean las circunstancias, capacidad personal y política para lograr eso que se persigue. Mientras Víctor Cervera tuvo esa capacidad, fue un político eficaz, notable, imprescindible, que le rindió muchos y muy importantes beneficios a Yucatán. Esa capacidad se agotó en él, en un momento de crisis personal y política, por eso se decidió a dar una batalla que nunca debió haber dado. Esa capacidad no la tiene, ni remotamente, NINGUNO de los que hoy se hacen pasar por herederos políticos de Víctor Cervera.

Lo mejor que podrían hacer los “cerveristas” de nuevo cuño es dejar descansar en paz a Víctor Cervera Pacheco y tratar de andar su propio camino.

                                        Mérida, Yuc.; 11 ago. 2008.




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